De tigres asiáticos a leones africanos: el momento dorado de la economía de África

Fuente: FMI

En este año, seis de las diez economías que más van a crecer lo harán en África, según el Fondo Monetario Internacional. A priori, el dato puede llamar a engaño, ya que el crecimiento porcentual es más alto siempre si la base de la que se parte es ya de por sí pequeña, y en ello influye el repunte del precio de muchas de las materias primas que abundan en esta parte del planeta. Pero hay pocas dudas de que la economía africana atraviesa un momento dorado: entre 2000 y 2016, el crecimiento medio para todo el continente fue del 4,6%, y la estimación es del 3,9% para 2019.

“El crecimiento económico ha estado motivado, entre otros factores, por el superciclo de las materias primas, mejoras en la gestión macro-económica, estrategias de diversificación a nivel productivo y de socios comerciales, o la demanda de materias primas de toda índole -minerales, hidrocarburos, alimentos, etc.- por las denominadas economías emergentes”, explica la profesora Elsa Aimé González, investigadora del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid y coordinadora del área de África Subsahariana en la Fundación Alternativas.

No obstante, advierte González, “hablar de ‘boom’ económico africano enmascara en cierto modo las diferentes realidades de cada estado africano”, donde mientras se prevé un crecimiento del 8,8% en Etiopía, se espera a la vez una recesión de -2,1% en Guinea Ecuatorial. Y solo es un ejemplo de muchos.

En cualquier caso, varios elementos resultan sumamente prometedores: el desarrollo de las manufacturas, la eclosión de grandes firmas genuinamente africanas y la entrada en vigor del Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano (o AfCFTA, por sus siglas en inglés), que ha dado origen a la mayor área de libre comercio del mundo desde que la Organización Mundial del Comercio fue fundada en 1995, con 1.200 millones de consumidores y un Producto Interior Bruto conjunto de unos 3,4 billones de dólares.

¿La nueva China?

Numerosos países del continente –de Egipto a Tanzania- pasan por una auténtica explosión en las manufacturas industriales, lo que ha llevado a algunos observadores a especular sobre si África puede llegar a convertirse en la ‘nueva China’, experimentando el mismo proceso de desarrollo gracias a las fábricas por el que pasaron primero en los años 60 y 70 los llamados ‘Tigres Asiáticos’, como Corea del Sur, Singapur o Taiwán, y la propia China en épocas más recientes.

Y, si todo va bien, muchos de esos productos se venderán cada vez más en otros países del continente. La Comisión Económica de la ONU para África (UNECA) estima que, gracias a este acuerdo, el comercio interior en el continente crecerá entre un 15% y un 25% -entre 50.000 millones y 70.000 millones de dólares- para 2040. Y si el AfCFTA es implementado con éxito, se calcula que el sector de las manufacturas se duplicará en el próximo lustro, generando resultados de 1,0 billón de dólares y creando más de 14 millones de empleos para 2025.

Cuando el acuerdo entró en vigor a finales de mayo, había sido firmado por 52 de los 55 países de la Unión Africana (UA). Un mes después se sumaban los hasta entonces reticentes Benín y Nigeria, dejando a la díscola Eritrea como único estado no signatario. “Es solo el principio. Después, tenemos que movernos hacia la unión aduanera, el mercado común, la unión monetaria y la comunidad económica“, declaró entonces Albert Muchanga, comisario de Comercio e Industria de la Comisión de la UA.

Unos planes muy ambiciosos, como él mismo admitía, pero que señalan la determinación de la Unión Africana de hacer triunfar el acuerdo. Por lo pronto, este organismo regional ya ha lanzado un mercado único para el transporte aéreo para impulsar la conectividad y recortar costes y prepara un “pasaporte UA” para facilitar el cruce de fronteras internas.

El sueño de la unidad africana

“El sueño de la unidad africana no es nuevo, y de hecho África es el continente donde se detecta mayor abundancia de proyectos de integración regional. La particularidad del acuerdo de lanzamiento del AfCFTA es que surge en un momento en que se observa un retorno a estrategias de desarrollo orientadas a la transformación económica, con un especial acento en la industrialización”, señala el profesor Artur Colom en el Informe África 2019 de la Fundación Alternativas, publicado recientemente. “Así, cuestiones como la creación de cadenas de valor regionales mediante rebajas arancelarias y la facilitación del comercio que impulsen los intercambios intraafricanos, o la construcción de infraestructuras orientadas a fomentarlos, ocupan un lugar estratégico”, escribe.

“Creo que el acuerdo es interesante en tanto que de lograr sus objetivos, el AfCFTA podría suponer superar parte del legado colonial, con el que por diferentes circunstancias no se ha logrado cortar aún”, dice González a El Confidencial. “El hecho de que estos gobiernos, en el marco de la Unión Africana, se estén organizando a tal fin es fundamental, si bien el modelo económico neoliberal que se está siguiendo suscita dudas por el impacto que pueda tener tanto para el grueso de las poblaciones o para la consolidación de las instituciones públicas, como ya ocurrió a partir de la década de 1980 con los Planes de Ajuste Estructural (PAE)”, explica.

Otro de los factores que invitan al optimismo es la proyección internacional de las propias empresas africanas. Dos terceras partes de las compañías de este tipo reseñadas por la consultora McKinsey planean entrar en otros países de la región en los próximos cinco años, y las 30 mayores firmas africanas operan en una media de 16 países del continente, el doble que hace una década, según el Boston Consulting Group, según explicó un reciente artículo del semanario The Economist, .

Pero los africanos no consumen

Los expertos apuntan, no obstante, a dos grandes obstáculos para esta expansión: el desafío de encontrar suficientes consumidores (la economía combinada de todos los países del continente es menor que la de Francia), y la incertidumbre acerca de cadenas de suministros, divisas volátiles e inseguridad jurídica. Y además están los riesgos de que se genere una mayor desigualdad.

La duda persiste sobre si la puesta en marcha del AfCFTA puede transformar las economías africanas hasta tal punto que genere una mejora en las condiciones de vida de las poblaciones africanas. “El crecimiento económico, el creciente número y presencia de socios internacionales, la integración económica, no garantizan por sí mismos la lucha contra la desigualdad, la protección del medioambiente, la defensa de los derechos humanos, ni alcanzar estas y tantas otras aspiraciones de la agenda 2063 de la UA“, dice González, quien está a la expectativa de cómo digieren las poblaciones y economías cada país este proyecto.

“Debe tenerse en cuenta que, como en todo proceso de integración, hay ganadores y perdedores. Así, si los mecanismos de compensación no son claros, y los ajustes de la estructura productiva en algunos países resultan dolorosos, el AfCFTA perderá el sentido original de instrumento al servicio de la transformación económica y la creación de capacidades productivas a largo plazo en África”, opina Colom. El continente, pues, tiene ante sí una oportunidad única para su desarrollo. Y los resultados, en esta ocasión, dependerán de los propios africanos.

Publicado originalmente en El Confidencial el 29/08/2019

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