Del G-20 al G-Zero: por qué es imposible arreglar un mundo sin nadie al volante

Reunión de trabajo durante la primera jornada del G20 en Osaka. (Fuente: G20)

Este viernes comienza en Japón una cumbre del G-20 impredecible en la que el principal desafío consiste en acabar con la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Pero hay más problemas

Fue el analista geopolítico Ian Bremmer quien acuñó el concepto de G-Zero: un mundo en el que abundan las grandes potencias con sus propios intereses y que compiten entre sí, pero donde ya no existe un líder mundial claro. “Muchos países son ahora lo suficientemente fuertes para impedir que la comunidad internacional tome ninguna acción, pero ninguno tiene el músculo político y económico para rehacer el ‘statu quo’. Nadie conduce el autobús”, escribe Bremmer en su libro ‘Every Nation for Itself’ (traducible como ‘Sálvese el país que pueda’).

La cita viene a colación de la cumbre del G-20 que comienza este viernes en la ciudad japonesa de Osaka, en la que los desafíos —acabar con la guerra comercial entre EEUU y China, cooperar para mitigar los efectos del calentamiento global o sentar las bases de una economía digital, entre otros— son más apremiantes que nunca, mientras que la disposición a colaborar entre sus principales actores está bajo mínimos.

Una situación que no se le escapa a ninguno de los participantes y organizadores. “Este será un G-20 difícil. Hay desafíos globales que atender: es necesario intensificar las acciones para evitar la amenaza climática, evitar las guerras comerciales, reformar el sistema de comercio internacional y prepararse para la revolución digital”, ha declarado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a su llegada a Japón. “Como el destino de nuestro planeta es incierto, la situación requiere un sentido especial de responsabilidad. Y esta responsabilidad recae, en gran medida, en los líderes del G-20 que se reunirán aquí en Osaka”, ha dicho.

Trump y los espejos del tiempo

El libro de Bremmer es de 2012, pero leído hoy, siete años después, produce una sensación de clarividencia. En aquel momento, el autor se refería al presidente Barack Obama al hablar de la falta de liderazgo estadounidense en la escena internacional, pero el fenómeno es todavía más pronunciado con un Trump que se declara adversario de las instituciones multilaterales y del orden global actual.

“Cuando los gobiernos de los principales poderes están más preocupados por la creación de empleo, construir un balance comercial positivo y combatir la inflación que hay en el estallido de la guerra entre países, los instrumentos de poder e influencia más importantes pasan a ser las herramientas económicas: el control de acceso a los mercados, las reglas de inversión y las políticas de divisas en vez de los portaaviones, tropas y tanques”, afirma el analista. Imposible no pensar en Trump y sus guerras comerciales.

“El primer elemento de la agenda implica lo que yo creo que es el desafío más importante de nuestros tiempos: trabajar para mantener y en último término reforzar el orden internacional para un comercio libre y justo”, dice el primer ministro japonés, Shinzo Abe, al explicar los objetivos de esta cumbre del G-20. Pero el presidente estadounidense aterriza en Osaka dispuesto a imponer su voluntad en una serie de asuntos y con un papel mucho más disruptivo que en la cita anterior de esta institución, la de Buenos Aires en diciembre de 2018.

Entre los problemas a tratar, destaca la potencial reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), considerada obsoleta por la mayoría de las grandes potencias y ninguneada por la Administración Trump. También la cuestión de Irán, en la que EEUU está en radical desacuerdo con el resto de miembros del G-20, excepto Arabia Saudí, un asunto clave en un momento en el que la inestabilidad en Oriente Medio ha sacudido los precios del petróleo. Muchos de los asistentes a la cumbre son consumidores tradicionales de crudo iraní, y algunos, como China, ya han mostrado su disposición a ignorar las prohibiciones estadounidenses.

Está, además, la apremiante cuestión del cambio climático, sobre la que no cabe esperar grandes declaraciones ante la posición procombustibles fósiles del Ejecutivo de Trump. A lo sumo, se espera que todos los asistentes respalden el impulso al empleo del gas como energía de transición, una medida que satisface a todos: a la industria de los hidrocarburos, a EEUU y a Rusia, ambos como países productores; y a China, India y otros como consumidores con una enorme demanda interna que necesitan deshacerse cuanto antes de su dependencia del carbón, por razones medioambientales internas.

El G-Zero lo imposibilita todo

Esto, sin embargo, no son necesariamente buenas noticias. Según la Agencia Internacional de la Energía, se prevé un incremento del consumo del gas de un 45% para 2040, pero algunos expertos afirman que esto producirá un escenario catastrófico de un incremento de tres grados en la temperatura global. Para lograr el objetivo de detener el incremento de la temperatura en 1,5 grados fijado en la Cumbre de París, todos los países del G-20 deben alcanzar las cero emisiones para 2050, lo que implicaría una reducción del consumo de gas de un 74%. Algo que, cosas del G-Zero, parece imposible hoy por hoy.

Neutralizados los mecanismos internacionales, el futuro del panorama internacional depende de los encuentros bilaterales que mantengan los líderes mundiales, especialmente los de un presidente estadounidense que hay subrayado su desdén por la diplomacia asegurando ser “el único que importa” en la política exterior de su país.

La guerra comercial entre China y EEUU se decidirá en la reunión que Donald Trump y el presidente chino, Xi Jinping, mantendrán el sábado al mediodía. Si ambos mandatarios no se ponen de acuerdo en regresar a las negociaciones, el estadounidense ha asegurado que pasará a la “fase 2”, imponiendo aranceles por valor de 300.000 millones de dólares a las importaciones chinas todavía no castigadas por las medidas anteriores. Pero el mero hecho de que el encuentro vaya a tener lugar ya es una buena señal: según el diario ‘South China Morning Post‘, Xi habría accedido a hablar con Trump si este aceptaba retrasar la imposición de aranceles, como parece que hará finalmente.

DANIEL IRIARTETAGS

TIEMPO DE LECTURA10 min27/06/2019 21:06 – ACTUALIZADO: 28/06/2019 11:36

Fue el analista geopolítico Ian Bremmer quien acuñó el concepto de G-Zero: un mundo en el que abundan las grandes potencias con sus propios intereses y que compiten entre sí, pero donde ya no existe un líder mundial claro. “Muchos países son ahora lo suficientemente fuertes para impedir que la comunidad internacional tome ninguna acción, pero ninguno tiene el músculo político y económico para rehacer el ‘statu quo’. Nadie conduce el autobús”, escribe Bremmer en su libro ‘Every Nation for Itself’ (traducible como ‘Sálvese el país que pueda’).

La cita viene a colación de la cumbre del G-20 que comienza este viernes en la ciudad japonesa de Osaka, en la que los desafíos —acabar con la guerra comercial entre EEUU y China, cooperar para mitigar los efectos del calentamiento global o sentar las bases de una economía digital, entre otros— son más apremiantes que nunca, mientras que la disposición a colaborar entre sus principales actores está bajo mínimos.Una amistad para gobernarnos a todos: el plan de Xi y Putin que cambiará el mundoDANIEL IRIARTEComo dice Putin, los lazos ruso-chinos han alcanzado probablemente su punto más álgido en toda su historia y se siguen desarrollando, provocando un efecto dominó geostratégico en el resto del planeta

Una situación que no se le escapa a ninguno de los participantes y organizadores. “Este será un G-20 difícil. Hay desafíos globales que atender: es necesario intensificar las acciones para evitar la amenaza climática, evitar las guerras comerciales, reformar el sistema de comercio internacional y prepararse para la revolución digital”, ha declarado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a su llegada a Japón. “Como el destino de nuestro planeta es incierto, la situación requiere un sentido especial de responsabilidad. Y esta responsabilidad recae, en gran medida, en los líderes del G-20 que se reunirán aquí en Osaka”, ha dicho.

Trump y los espejos del tiempo

El libro de Bremmer es de 2012, pero leído hoy, siete años después, produce una sensación de clarividencia. En aquel momento, el autor se refería al presidente Barack Obama al hablar de la falta de liderazgo estadounidense en la escena internacional, pero el fenómeno es todavía más pronunciado con un Trump que se declara adversario de las instituciones multilaterales y del orden global actual.

“Cuando los gobiernos de los principales poderes están más preocupados por la creación de empleo, construir un balance comercial positivo y combatir la inflación que hay en el estallido de la guerra entre países, los instrumentos de poder e influencia más importantes pasan a ser las herramientas económicas: el control de acceso a los mercados, las reglas de inversión y las políticas de divisas en vez de los portaaviones, tropas y tanques”, afirma el analista. Imposible no pensar en Trump y sus guerras comerciales.

“El primer elemento de la agenda implica lo que yo creo que es el desafío más importante de nuestros tiempos: trabajar para mantener y en último término reforzar el orden internacional para un comercio libre y justo”, dice el primer ministro japonés, Shinzo Abe, al explicar los objetivos de esta cumbre del G-20. Pero el presidente estadounidense aterriza en Osaka dispuesto a imponer su voluntad en una serie de asuntos y con un papel mucho más disruptivo que en la cita anterior de esta institución, la de Buenos Aires en diciembre de 2018.

Entre los problemas a tratar, destaca la potencial reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), considerada obsoleta por la mayoría de las grandes potencias y ninguneada por la Administración Trump. También la cuestión de Irán, en la que EEUU está en radical desacuerdo con el resto de miembros del G-20, excepto Arabia Saudí, un asunto clave en un momento en el que la inestabilidad en Oriente Medio ha sacudido los precios del petróleo. Muchos de los asistentes a la cumbre son consumidores tradicionales de crudo iraní, y algunos, como China, ya han mostrado su disposición a ignorar las prohibiciones estadounidenses.Cruzada de halcones contra Irán: ¿nos llevan los ‘neocons’ a otra guerra en Oriente Medio?DANIEL IRIARTELa probabilidad de una guerra EEUU-Irán nunca fue tan alta. Quizá porque John Bolton, asesor de Seguridad Nacional del presidente Trump, solo le susurra una cosa al oído: Irán, Irán, Irán

Está, además, la apremiante cuestión del cambio climático, sobre la que no cabe esperar grandes declaraciones ante la posición procombustibles fósiles del Ejecutivo de Trump. A lo sumo, se espera que todos los asistentes respalden el impulso al empleo del gas como energía de transición, una medida que satisface a todos: a la industria de los hidrocarburos, a EEUU y a Rusia, ambos como países productores; y a China, India y otros como consumidores con una enorme demanda interna que necesitan deshacerse cuanto antes de su dependencia del carbón, por razones medioambientales internas.

El G-Zero lo imposibilita todo

Esto, sin embargo, no son necesariamente buenas noticias. Según la Agencia Internacional de la Energía, se prevé un incremento del consumo del gas de un 45% para 2040, pero algunos expertos afirman que esto producirá un escenario catastrófico de un incremento de tres grados en la temperatura global. Para lograr el objetivo de detener el incremento de la temperatura en 1,5 grados fijado en la Cumbre de París, todos los países del G-20 deben alcanzar las cero emisiones para 2050, lo que implicaría una reducción del consumo de gas de un 74%. Algo que, cosas del G-Zero, parece imposible hoy por hoy.

Neutralizados los mecanismos internacionales, el futuro del panorama internacional depende de los encuentros bilaterales que mantengan los líderes mundiales, especialmente los de un presidente estadounidense que hay subrayado su desdén por la diplomacia asegurando ser “el único que importa” en la política exterior de su país.

La guerra comercial entre China y EEUU se decidirá en la reunión que Donald Trump y el presidente chino, Xi Jinping, mantendrán el sábado al mediodía. Si ambos mandatarios no se ponen de acuerdo en regresar a las negociaciones, el estadounidense ha asegurado que pasará a la “fase 2”, imponiendo aranceles por valor de 300.000 millones de dólares a las importaciones chinas todavía no castigadas por las medidas anteriores. Pero el mero hecho de que el encuentro vaya a tener lugar ya es una buena señal: según el diario ‘South China Morning Post‘, Xi habría accedido a hablar con Trump si este aceptaba retrasar la imposición de aranceles, como parece que hará finalmente.Trump ordenó atacar Irán pero rectificó en el último momentoEC/AGENCIASLa operación, ya estaba en marcha: los aviones estaban en el aire y los buques en posición, cuando la operación quedó suspendida antes de que se disparase misil alguno

“Esto se va a reducir a si estos dos individuos pueden trabajar juntos, gestionar la política de todo esto, de modo que las diferencias de calado puedan ser superadas. Mantener un contacto, donde cada uno entienda al otro, donde cada uno confíe en el otro, es crítico”, ha declarado Clete Willems, ex asesor económico de la Casa Blanca de Trump, al diario ‘Wall Street Journal’. Xi acude a la reunión debilitado por una desaceleración de la economía china y de los intercambios comerciales internacionales, así como por una ola de protestas en Hong Kong que ha demostrado a los líderes chinos que no es posible sustraerse a las demandas populares cuando son lo suficientemente masivas. Y Trump parece confiar en su habilidad de resolverlo todo de un plumazo en un único encuentro, gracias a su “capacidad negociadora”.

Pero por mucho que haya insistido en su buena sintonía con el presidente chino —al menos en el pasado—, Trump no parece muy consciente de cómo funcionan los mecanismos del nacionalismo en China. Xi, quien no puede sustraerse a la presión en su propio país para que se muestre firme ante EEUU, tiene intención de exigir que Washington levante el veto a Huawei, entre otras medidas de alcance que Trump difícilmente puede aceptar sin causar un pequeño terremoto doméstico. Las consecuencias, ocurra lo que ocurra, serán importantes.

El ‘show’ de Putin

La cuestión de Corea del Norte será también uno de los asuntos que marcarán la cumbre. Trump, de hecho, viajará inmediatamente después a Seúl, lo que ha desatado las especulaciones sobre el posible anuncio de un tercer encuentro con Kim Jong-un que permita a ambos quitarse el mal sabor de boca del fracaso de Hanói.

La otra cita clave venía siendo la reunión entre Trump y el presidente ruso, Vladímir Putin, celebrada este viernes y en la que, tal y como estaba previsto, ambos mandatarios han abordado cuestiones como las guerras de Siria, Afganistán y Ucrania y las crisis de Venezuela e Irán, entre otras. Y aunque no parecen haberse cumplido los temores de que Trump hiciese alguna concesión clave ante Putin simplemente por halagar al líder ruso (esta semana dijo a un grupo de reporteros, para preocupación de muchos, que lo que él hablase con Putin “no era de su incumbencia”), el estadounidense sigue dando muestras una y otra vez de su fascinación por los autócratas. Este viernes ha insistido en que tiene “una relación muy, muy buena” con Putin de la que van a salir “un montón de cosas positivas”.

Trump incluso se ha permitido bromear acerca de la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses. Preguntado este viernes por un reportero si le iba a decir a Putin que no interfiriese en los comicios de 2020, ha respondido: “Sí, claro que lo voy a hacer”, y volviéndose hacia el ruso le ha dicho en tono jocoso: “No te metas en las elecciones, por favor. No te metas en las elecciones”. Las especulaciones sobre la condición de Trump como supuesto agente ruso han decaído en buena medida, pero, tal vez para evitar malentendidos, en esta ocasión el presidente estaba acompañado de todo un séquito de primer nivel: el Secretario de Estado Mike Pompeo, el del Tesoro Steve Mnuchin, el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton, el jefe de personal de la Casa Blanca Mick Mulvaney, la hija de Trump, Ivanka, y su marido, Jared Kushner.

Así que para Putin puede ser todo un paseo triunfal, ya que también se reunirá con Theresa May en un intento de restablecer las dañadas relaciones bilaterales con el asesinato del exespía ruso Serguéi Skripal en Salisbury como telón de fondo de la conversación. Pero es poco probable que una primera ministra derrotada y con los días contados pueda presentar una postura demasiado combativa.

El gran ausente de la cumbre será el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien ha decidido no asistir para enfocarse en la política nacional de su país. Unos lo han leído en clave nacional, viendo en ello un perjudicial desinterés de AMLO en la política exterior, pero a la vez es un signo de los tiempos: el mexicano ha preferido evitar un foro en el que un casi inevitable encuentro con Donald Trump tenía todas las papeletas para provocar un desastre. Y, percibiendo la creciente irrelevancia del G-20, ha pensado que en todo caso no se estaba perdiendo mucho.

Publicado originalmente en El Confidencial el 27/06/2019

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